Hace unas horas, al acostarnos, mi hija me ha dicho que tengo mucho pelo por todas partes. Me ha dicho que tengo tanto pelo como el papa. Yo le he dicho que tengo menos que el papa, pero ella ha dicho que no, que tengo como el papa: - Eres una mamá peluda. Me ha dicho mientras se reía y me acariciaba el brazo. Creo que es un buen momento para enseñarle que el pelo es bello..
Las Navidades aquí son especialmente tristes para mí. No hay gambas, preparan miles de laatikkos que no me gustan (son bandejas de patata, o zanahoria u otra cosa, con arroz y crema) y jamón hervido. La niña se ha quedado todas las Navidades con la abuela y aunque he disfrutado de unas cuantas películas cosa que no hacía en años, me da pena que no nos haya echado de menos y no se quiera volver. Recoger al bichito de la guardería y ver cómo se volvía loca de alegría, gritando porque su mamá está allí, anunciándolo con orgullo a todo el mundo "mira, mira! es mi mama!".. era algo que me llenaba el alma. Pero sé que todo evoluciona, las cosas cambian y esa fase está acabando. Fases llegarán que me llenarán de orgullo y fases acabarán. Ley de vida. Lo dicho, han sido unas Navidades un poco deprimentes... No había gambas.
Todas las noches le leo un libro a mi hija, o lo intento, y últimamente me pide que le lea un libro de canciones catalanas. En una de las páginas sale un moro gigante con una cimitarra (el gegant del pi) y en la página siguiente salen dos soldados como ilustración de otra canción. Mi hija, al ver al gigante dijo: Mira mama, este niño tiene un palo y le da un palizón a estos hombres! Me reí tanto que ahora repite la misma gracia cada vez para ver si me río. Tengo a la cosita más graciosa del mundo.
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